jueves, 13 de septiembre de 2012

La palabra

A Raúl ayer le regalé una palabra. Era casi la misma que le regalé a Jose la semana pasada, con la misma fuerza, pero no exactamente igual.
Cuando le dije que la memorizara, que la grabara a fuego en su alma para que no se le olvidara el resto de su vida, empezó a escribirla una y otra vez.

Estábamos chateando por Skype. Él está muy lejos. Tiene miedo. Tiene mucho miedo.

Conecté con su esencia, con la persona que realmente es, y me salió regalársela como quien encuentra un tesoro.

Y entonces sucedió. Sucedió el milagro...

Conecté tanto con Raúl y con esa palabra, y llegó a tener tanta fuerza que se me saltaron las lágrimas delante de la pantalla.
Se la repetía una y otra vez, para que la interiorizara, para que la hiciera suya. Se la repetía y se la repetía, y yo seguía llorando como una tonta.
Y sucedió que, cuanto más la repetía él, y hasta la gritaba, más fuerza desprendía.
Confía -le decía. "Confía, confía, confía..."
Y él: "confía, confía, confía..."
Hasta que empezo a decir: "Confío, confío, confío"

Y terminó confesando que a él también se le saltaron las lágrimas delante de su pantalla, gritándola.

Me dio las gracias. Me prometió que nunca la olvidaría.

Y yo pensé que quizá nos habíamos conocido solamente para que yo le hiciera ese regalo.

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