Miracles happen
jueves, 13 de septiembre de 2012
miércoles, 12 de septiembre de 2012
El mensaje
Sucedió ayer. Me llegó un mensaje de un amigo que se ha enamorado de mí pero está lejos. Él más de mí que yo de él, aunque eso no es lo importante.
El mensaje era corto. Decía que era muy probable que no nos volviéramos a ver más. La distancia, la distancia... Y que quiere lo mejor para mí.
Porque quiere lo mejor para mí, tuvo una idea. Hace un par de semanas se le ocurrió que podría presentarme a uno de sus mejores amigos aquí en Madrid, que quedara con él y empezáramos algo juntos.
¿Qué!!!??? -le dije.
¿Cómo se puede tener el corazón tan grande!? ¡Él sigue enamorado de mí!
Dice que le haría muy feliz vernos juntos...
El mensaje era corto. Decía que era muy probable que no nos volviéramos a ver más. La distancia, la distancia... Y que quiere lo mejor para mí.
Porque quiere lo mejor para mí, tuvo una idea. Hace un par de semanas se le ocurrió que podría presentarme a uno de sus mejores amigos aquí en Madrid, que quedara con él y empezáramos algo juntos.
¿Qué!!!??? -le dije.
¿Cómo se puede tener el corazón tan grande!? ¡Él sigue enamorado de mí!
Dice que le haría muy feliz vernos juntos...
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Cuando le dije que la memorizara, que la grabara a fuego en su alma para que no se le olvidara el resto de su vida, empezó a escribirla una y otra vez.
Estábamos chateando por Skype. Él está muy lejos. Tiene miedo. Tiene mucho miedo.
Conecté con su esencia, con la persona que realmente es, y me salió regalársela como quien encuentra un tesoro.
Y entonces sucedió. Sucedió el milagro...
Conecté tanto con Raúl y con esa palabra, y llegó a tener tanta fuerza que se me saltaron las lágrimas delante de la pantalla.
Se la repetía una y otra vez, para que la interiorizara, para que la hiciera suya. Se la repetía y se la repetía, y yo seguía llorando como una tonta.
Y sucedió que, cuanto más la repetía él, y hasta la gritaba, más fuerza desprendía.
Confía -le decía. "Confía, confía, confía..."
Y él: "confía, confía, confía..."
Hasta que empezo a decir: "Confío, confío, confío"
Y terminó confesando que a él también se le saltaron las lágrimas delante de su pantalla, gritándola.
Me dio las gracias. Me prometió que nunca la olvidaría.
Y yo pensé que quizá nos habíamos conocido solamente para que yo le hiciera ese regalo.